Conducir con sueño es tan peligroso como hacerlo alcoholizado

Un estudio comprobó que entre los choferes de transporte urbano de pasajeros existe una preocupante deuda de sueño. 
El trabajo demostró que el tiempo de reacción al volante en función de las horas de vigilia de alguien que está despierto más de 14 horas seguidas disminuye en la misma medida que la de quien tomó la máxima cantidad de alcohol permitida por la ley (0,5 gramos por litro de sangre para conductores particulares; para transportistas, 0). 
Otra investigación realizada en choferes canadienses y norteamericanos sometidos a electroencefalogramas continuados durante 24 horas, descubrió que dormían menos de 5 horas por noche y que el 56% había tenido una señal compatible con el sueño mientras manejaba. Es lo que se conoce como «sueño blanco», un tipo de fuerte somnolencia que se presenta al amanecer.

Investigaciones de la Fundación AAA para la Seguridad del Tráfico de los Estados Unidos estiman que hasta el 7% de todos los accidentes viales, el 13% de los accidentes que requieren admisión hospitalaria y el 21% de los accidentes fatales implican somnolencia del conductor.

 
La relación entre la privación de sueño y el riesgo de accidente es alarmante. Los resultados señalan que los conductores que habitualmente duermen menos de 5 horas al día, los que durmieron menos de 7 horas en las últimas 24 horas y los que han dormido 1 o más horas menos que su cantidad normal de sueño en las últimas 24 horas aumentan significativamente su riesgo de colisión y concluyen lo mismo que conducir después de dormir entre 4 y 5 horas representa un riesgo similar a hacerlo con una concentración de alcohol en sangre igual o ligeramente por encima del límite legal.
Para los especialistas es tan importante el impacto de la somnolencia en la seguridad de manejo que al monitoreo habitual habría que sumar test del nivel de alerta a través de pruebas de reacción que pueden realizarse con una notebook ya que hay muchos más somnolientos que ebrios al volante.

Consecuencias del mal descanso
Se conoce como “deuda de sueño” a la diferencia entre las horas que se duermen efectivamente y las que se deberían dormir para estar descansados. 
Esta situación, subestimada durante mucho tiempo como factor de riesgo en los accidentes viales, no es la única complicación ya que también puede provocar:
A corto plazo:

  • Alerta diurna disminuida. La pérdida de sólo una 1½ h de sueño puede reducirla en un 32%.
  • Deficiencia en la habilidad para pensar y procesar información.
  • Más del doble de riesgo de lesión ocupacional.
  • Sistema inmune deficiente.

A largo plazo:

  • Presión arterial elevada.
  • Falla cardíaca.
  • Depresión y desórdenes del ánimo.
  • Riesgo de mortalidad aumentado.
  • Disfunción sexual.
  • Obesidad: la falta de sueño puede aumentar el hambre y afectar el metabolismo. El peso extra puede causar apnea, interrupción involuntaria de las respiraciones durante el descanso que favorece la privación del sueño.

Qué hacer
En primer lugar es necesario desmitificar una idea muy difundida: “si descanso más el fin de semana o duermo la siesta, recupero el sueño perdido”. Esto es falso: el sueño perdido no se recupera.
En consecuencia, si durante la semana se acostó más tarde, nada le devolverá el tiempo de sueño perdido.
Por lo tanto existe solo una forma de evitar la deuda de sueño y sus complicaciones: ¡DORMIR! 
Aunque los expertos recomiendan entre 7 y 9 horas diarias, algunas personas requieren 10 y otras solo 6. Respetar la cantidad necesaria siempre que sea posible y muy especialmente la noche antes de salir es indispensable para la seguridad a la hora de manejar.

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